En el corazón de la Sierra de Guerinda, Navarra, la familia Abete lleva generaciones cuidando un legado construido con esfuerzo, ilusión y un profundo respeto por la tierra. Lo que comenzó como el sueño de Máximo Abete de recuperar antiguos viñedos de montaña, hoy continúa gracias a sus hijas, Yoanna y María, que mantienen viva la esencia familiar apostando por una viticultura artesanal, ecológica y sostenible. Cada parcela, cada cepa y cada vino cuentan una historia. Aquí no se busca producir más, sino elaborar vinos con identidad, que reflejen el paisaje, la tradición y el carácter de un territorio único. Abrir las puertas de su bodega significa compartir mucho más que una copa de vino: es invitar a los viajeros a conocer una forma de entender la vida, donde la autenticidad, la cercanía y el amor por el entorno siguen marcando el ritmo de cada jornada.
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